Fotografía de Annie Ray
© Family Eldercare

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A Judi Nudelman, natural de Chicago, las ciencias y las matemáticas siempre se le dieron bien. Fue la mejor alumna tanto en la escuela primaria como en el instituto y consiguió una beca completa para estudiar en la prestigiosa Universidad Northwestern. Finalmente, llegó a ser ingeniera de sistemas en IBM.  

A principios de la década de 1960, mientras ascendía en el mundo empresarial, Judi se enfrentó a la discriminación, pero no se quedó de brazos cruzados. Se apoyó en gran medida en la ética de trabajo y la determinación que había aprendido de sus padres, así como en la sabiduría que le habían transmitido sus abuelos. Todos ellos ejercieron una gran influencia en la vida de Judi.

Un día nevado, en casa de una amiga, conoció a un compañero científico —en sus propias palabras, «un hombre brillante»— con doctorados en neurociencia y física. Se llamaba Harvey, y en poco tiempo se casaron, tuvieron dos hijos y vivieron felices, apoyándose mutuamente en sus respectivas carreras. —Hasta 2012, cuando la pareja recibió una noticia devastadora. A Harvey le habían diagnosticado parálisis supranuclear progresiva, o PSP. La esperanza de vida era de unos cinco años.

Fue una amarga ironía: un neurocientífico que padecía un trastorno neurológico. Judi se convirtió en su cuidadora principal —dedicándole el 100 % de su tiempo a Harvey— hasta que él falleció cinco años después.

Esta experiencia le dejó una huella imborrable. Quería aprovecharla para ayudar a los demás. Al poco tiempo fundó la delegación de Cure PSP en el centro de Texas, un grupo de apoyo para pacientes y cuidadores que tienen que hacer frente a la enfermedad que se llevó a su marido. Algo de lo que ella misma no había podido disponer.

Además de su labor continua con CurePSP y de formar parte de la comisión sobre el envejecimiento del Ayuntamiento de Austin, Judi sigue participando activamente en el programa de prácticas universitarias que ella misma creó —«Mujeres en Neurociencia»—, cuyo objetivo es atraer a más mujeres de diversos orígenes a este campo científico.

Este programa comenzó con un solo estudiante y ha crecido hasta contar con 108 estudiantes universitarios en prácticas, todos ellos con experiencia práctica en investigación y clínica a través de la UT y el Dell Medical Center. Todo ello gracias a la visión de Judi.

«Utilizo todas las habilidades y la experiencia que he adquirido a lo largo de mi vida para hacer del mundo un lugar un poco mejor», nos dijo Judi.

Añadió que considera que la labor que realiza Family Eldercare es fundamental.

«Pienso en todas las personas trabajadoras que he conocido a lo largo de mi vida. Es muy importante poder ofrecer a personas como ellas la vivienda, la seguridad y el apoyo que se merecen tras tantos años de servicio a los demás».

¡Gracias, Judi, por tus años de servicio a los demás!